Vivimos en una cultura digital en constante expansión que nos exige estar conectados las 24 horas del día. Es innegable nuestra dependencia de los teléfonos móviles, nuestra necesidad constante de consultar las redes sociales y nuestro deseo incesante de estar al tanto de las tendencias culturales de nuestra sociedad.
Si bien estos patrones de la cultura estadounidense no son ni buenos ni malos, es fundamental analizar críticamente cómo influyen en la juventud actual. Basta con observar a personas de todas las edades absortas en sus teléfonos móviles o frente a la pantalla de un ordenador. Aunque estos patrones se han intensificado progresivamente durante la última década a medida que nos adentramos en una sociedad tecnológica, nuestra necesidad humana de alejarnos de las distracciones y conectar con la naturaleza no es nueva.
A principios del siglo XX, una mujer pionera y visionaria llamada Elizabeth Ford Holt observó el rápido desarrollo de la sociedad industrial estadounidense y decidió que necesitaba crear un lugar donde los niños pudieran escapar de los claustrofóbicos centros urbanos y pasar tiempo aprendiendo las lecciones de la naturaleza.

Once años después, el Campamento Mowglis de Hebron, New Hampshire, sigue priorizando el aprendizaje al aire libre y experiencial. Como una "Escuela de la Naturaleza", el Campamento Mowglis fomenta la responsabilidad ambiental, el respeto por el mundo natural y la apreciación de una vida sencilla y desconectada de la tecnología. Los beneficios de que los jóvenes se desconecten de la tecnología se han demostrado una y otra vez. En el Campamento Mowglis, apoyamos esta idea con entusiasmo.
Durante siete semanas, los chicos dejan de lado sus teléfonos móviles, iPads y ordenadores, y en su lugar se dedican a las actividades únicas que ofrece el Campamento Mowglis, como el tiro con arco, la carpintería o el tiro con rifle.



En lugar de encender la televisión, los chicos buscan maneras de entretenerse, como jugar a las cartas, al baloncesto o al balón prisionero.

En lugar de quedarse dentro por la noche jugando a un videojuego, los chicos mantienen la tradición de décadas de sentarse alrededor de una fogata crepitante bajo los pinos de New Hampshire escuchando a un miembro del personal leer la obra de Rudyard Kipling. El libro de la selva o hablar de una pasión.

Para colmo, es difícil resistirse a desconectar de la tecnología y centrarse en el estilo de vida más sencillo del Campamento Mowglis cuando tienes el refrescante lago Newfound esperándote para disfrutarlo cada día.


En Camp Mowglis tenemos la gran suerte de poder disfrutar de una diversión tradicional, auténtica y sin distracciones tecnológicas.
¡Feliz acampada y, como decimos en Mowglis: ¡Buena caza!

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